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Crítica

SCOOBY-DOO 2: MONSTRUOS SUELTOS

SCOOBY-DOO 2: MONSTRUOS SUELTOS Asomó como una serie de dibujos animados estrenada en 1969 por la empresa especializada Hanna Barbera; en 2002 fue su primera incursión en cine, una combinación de acción viva (con actores de carne y hueso) y efectos de animación, y ahora, la segunda vez en la pantalla grande, se repite la fórmula, con figuras como Freddie Prinze Jr. y Sarah Michelle Gellar (ambos de "Sé lo que hiciste el verano pasado") y Matthew Lillard ("Scream"). El joven Shaggy y su canino compañero Scooby-Doo, tan miedosos como famélicos, acompañados por sus amigos Velma, Fred y Daphne, se enfrentan en esta ocasión a un extraño delincuente enmascarado, quien provisto de una máquina monstruosa provoca el caos en la ciudad de Coolsville. Bajo la presión de una periodista y de los asustados vecinos del lugar, la pandilla liderada por Shaggy y el can viste raros disfraces para dar con las pistas del villano.

"KILL BILL VOLUMEN 2-LA VENGANZA

"KILL BILL VOLUMEN 2-LA VENGANZA Uma Thurman protagoniza esta segunda parte de la saga que Quentin Tarantino ("Perros de la calle", "Jackie Browne") le dedicó a la sed desenfrenada de venganza que una mujer -asesina profesional entrenada en las más peligrosas artes marciales- busca saciar matando a cada uno de los que, cuatro años antes, atentaron contra su vida. Al espectacular despliegue visual de las escenas de acción, Tarantino agrega continuos guiños y referencias a distintos géneros considerados "menores", como el western spaghetti, el policial negro Clase B y las películas de karate y kung-fu, con su inédita forma de mezclar lo fantástico, el misticismo oriental y un

TROYA"

TROYA" Pura ficción literaria creada en parte por Homero y por otra por Virgilio, o acontecimiento histórico -aún no hay suficientes evidencias que prueben que realmente ocurrió-, la guerra de Troya entre griegos y troyanos mantiene al paso de los siglos su fuerza trágica: la conquista amorosa que París, príncipe troyano, hace de Helena, reina de un pueblo griego; la coalición militar que las distintas ciudades helenas, con Aquiles como máximo combatiente, arman contra Troya; el ingreso a ésta del célebre caballo que acarrea su destrucción. Una vez más el cine toma a Troya como centro argumental, claro que ahora puede presentar, gracias a los efectos especiales, escenas con decenas de miles de soldados y con centenares de barcos. Tanta monumentalidad es una marca de fábrica del director alemán Wolfgang Petersen ("La tormenta perfecta"), quien contó con Brad Pitt para el protagónico de Aquiles y un elenco que -a los nombres que figuran en la ficha técnica- sumó a Brendan Gleeson, Peter O'Toole, Julie Christie y Saffron Burrows.

BAJO EL SOL DE TOSCANA"

BAJO EL SOL DE TOSCANA" Una novela best-seller de la escritora Frances Mayes marcó el punto de partida de esta comedia romántica dirigida por la cineasta Audrey Wells (es su segundo largometraje), quien convocó a un reparto encabezado por Diane Lane (la esposa adúltera de "Infidelidad"), Sandra Oh ("Vidas al límite"), Lindsay Duncan ("Susurros en tus oídos") y el italiano Raoul Bova, y que rodó en la bella región peninsular de Toscana que da título a la película. En su argumento para el film, Wells respetó que el personaje central sea la propia escritora Mayes, se llame como ella y como ella viva en San Francisco. Pero si el libro cuenta cómo la autora y su esposo compraron una casa en Toscana, la restauraron y se adecuaron a la vida italiana, en la película Mayes, que acaba de divorciarse, viaja a esa zona, instigada por una amiga, y allí no sólo adquiere una ruinosa casa de campo sino que descubre que en el amor, a veces, existen segundas oportunidades

EL DIA DESPUES DE MAÑANA

EL DIA DESPUES DE MAÑANA Superproducción en la línea del cine-catástrofe, abundosa en llamativos efectos especiales, acciona subliminalmente sobre el opresivo recuerdo del atentado a las Torres Gemelas al contar -saltando de la tragedia general a los dramas individuales- el desastre que se abate, mayormente sobre el hemisferio Norte, cuando el clima cambia bruscamente y enormes maremotos y glaciaciones provocan hecatombes y destrucción. Especialista en estos films sobre calamidades urbanas ("Godzilla", "Día de la Independencia"), el alemán mudado a Hollywood Roland Emmerich apunta sobre todo a cómo sufren -y resisten- tales megafenómenos de la Naturaleza las ciudades de Nueva York y Los Angeles, y elige a un "paleontoclimatólogo" (Dennis Quaid) y a su hijo (Jake Gyllenhaal) como los seres comunes convertidos en héroes por la adversidad. Duración: 122'

Buscando a Nemo

Buscando a Nemo A los que crean que ésta es una película infantil o a los que, más abiertos, teman que los de Pixar (el laboratorio donde Disney parece atreverse a hacer lo que se prohíbe a sí misma) no están a la altura de un Monsters S.A. hay que recomendarles que junten los seis euros de la entrada y vayan a verla al cine. Seguro que dentro de unos meses saldrá la versión en DVD con varias horas de extras y contenido adicional, pero verla en el cine es una obligación para disfrutar de todos sus matices.

Y es que ésta, a pesar de la importancia de los detalles técnicos, es una película que se viste por los pies, construyéndose sobre la base de un gran guión. Una de esas historias que van por delante del espectador y tiran de él, liberándole de esa tarea de carga a la que le someten tantas películas actuales. Los de Pixar se han pasado, sin duda, muchas horas delante del ordenador diseñando ese mundo submarino, pero es evidente que antes le han dedicado muchas más a encontrar algo que contar.

Al romper la historia en dos, los de Pixar se pueden permitir el lujo de hacer pasar por la película a una gran cantidad de personajes (el doble de lo normal, si las matemáticas no me fallan). Aunque mantienen cierto estilo tipo ciego y lazarillo (parece que hay cosas que nadie puede eliminar, el hueso ante al que hay que ceder), se las ingenian para que, o bien sean bastantes personajes los que hagan de lazarillo a la vez (en el acuario), o que se vayan turnando en esa tarea (en el océano). Así que hay peces para llenar varias películas y para mantener la sorpresa y la curiosidad del espectador hasta el final : nada de casarse con un cangrejo que cante "Under the sea", por poner un ejemplo traído de otras películas paralelas. Aquí nadie abre la boca para cantar, otro detalle que hay que nunca le agradeceremos los suficiente a los de Pixar. Si no hay canciones, no corremos el riesgo de que Phil Collins limpie su disco duro y trate de vendernos los restos del cajón como ropa de marca. Ni canciones ni coreografías.

A nadie se le obliga a cantar y nadie, acierto del guión, tiene el papel de Malo Absoluto, tan socorrido en las historias infantiles de recorrido corto. Aquí no existe ese Mal con mayúsculas (salvo que alguno le tenga auténtica fobia a los dentistas), sino un conjunto de pequeños cabrones (cangrejos que piden algo a cambio de la información, gaviotas con ganas de anticipar el fin de Nemo, niñas con aparato en los dientes y deseos de experimentar con los animales…), que es lo que uno se acaba encontrando en la vida real. Cabrones, y marrones como los que van descubriendo los protagonistas de la película. O villanos y contratiempos, para los que prefieran la versión Disney políticamente correcta de la anterior frase.

Y, sin personaje que haga de Malo Absoluto, resulta imposible desarrollar esa moralina tradicional de las películas infantiles. Algo que a Disney le crearía bastantes problemas pero que en esta película supone otro punto más a su favor. Siempre está uno libre de decir que esta esa una historia sobre la superación, la búsqueda, la amistad o la familia y acertaría con cualquiera de estas definiciones, lo que tampoco es afirmar mucho. Al fin y al cabo, también esos son elementos que reconoce cualquiera en su vida y que no le permiten saber cuál su tema
Si esta película sobre el mar está muy lejos de hacer aguas se debe, en fin, a que por debajo de la estructura, del guión, de los personajes y de la ausencia de canciones, se percibe un tono irónico que empapa todos los elementos. Una ironía muy saludable que impide que la historia se vuelva ñoña y que permite que, de vez en cuando, surjan momentos de un humor bastante gamberro. Ese aire, marca de la casa Pixar, que a Disney sólo le duró los primeros diez minutos de Lilo & Stitch.

Al salir de la película uno experimenta cierta catarsis de andar por casa. Por un lado, vuelve a reconciliarse con el cine, contento de que su apuesta por Pixar (al fin y al cabo, la hija rebelde de Disney) haya encontrado un argumento más para mantenerse en cabeza. Por otro lado, se descubre mirando los acuarios y los puestos de la pescadería con una mirada menos humana y más animal, preguntándose si alguno de esos peces habrá conocido a Nemo.

LOST IN TRANSLATION

LOST IN TRANSLATION Sofia Coppola presenta al principio los ingredientes de su nevera : la ciudad de Japón por la noche, un gran hotel de lujo, un actor que viene una semana por compromisos laborales y una mujer recién casada que se pasa el día sola. Para que, además, no queden dudas, establece las reglas del juego ya desde el principio para que no le queden en las mangas los trucos fáciles que la ayuden cuando la historia parezca no avanzar por sí misma.

Con tan pocos recursos, sólo tiene dos salidas : cargar cada elemento de sentido y construir dos personajes que sean capaces, como la cintas de los aeropuertos, de mover lentamente todo sin hacer prácticamente ruido. Sofia logra ambas cosas con una naturalidad que convierte toda la película en una lección de cómo contar una historia sin el gran recetario de los efectos especiales o el tráfico de actores. No es que necesite pocos elementos, es que quita aquellos que no añaden nada a la historia para que pueda mantener su tono particular.

Resulta paradójico que en una película en la que se habla tan poco, todo tenga tanto que decir. Ese es el reto que se marca la directora : lograr que todos los objetos hablen. Desde el más pequeño (el vaso de whisky relleno de té) al más grande (el propio escenario de la ciudad). Sofia persigue la intensidad de ese significado en cada escena como si de ella dependiera el éxito de la historia, buscando que, se abra el libro por donde se abra, el lector sepa al instante cuál es su intención, cuáles sus reglas, cuál la textura de la película. El resultado es que el espectador se lleva una historia cargada de escenas que tienen sentido por sí mismas.

Es un tema de intensidad y también de intención. Casi todo se convierte en las manos de Coppola en una metáfora que le sirve para contar mejor su historia. Como en toda narración, existen dos niveles para que el espectador pueda elegir (sin esa elección lo que se presenta suele ser una película que es carne de palomitas o el tratado profundo que les provoca titulares metafísicos a los críticos). Se puede ver Japón, por ejemplo, o la descripción de ese mundo que todos menos uno es capaz de interpretar. Se puede ver un hotel perfecto o tener la sensación de que una habitación en la que se abren las cortinas al amanecer es más un lugar del que salir que un punto de llegada. Se puede ver la noche o el deseo de los protagonistas de que por algún lado surja un sol que, tenga la forma que tenga, ilumine, a su manera, esas horas en las que es imposible dormir.

Coppola, desde la visión siempre parcial de un narrador, trata de mantener cierta distancia con lo que cuenta para no ridiculizarlo ni juzgarlo. Ella se pega a sus protagonistas y les sigue hasta los sitios en apariencia más anodinos : la consulta de un médico, el hall del hotel o una excursión en tren para ver una boda tradicional.

La elección de los dos personajes es un acierto. Existen los suficientes contrastes entre ellos como para que la película funcione de una forma casi silenciosa : tranquila en la superficie y con fuerza por debajo. La corriente del hombre frente a la mujer, del que ha terminado su carrera frente a la que la empieza, del que tiene un matrimonio acabado frente a la que acaba de casarse, del que es ya mayor frente a la que tiene veintipocos, de que se siente invisible frente a la que es capaz de atraer cualquier mirada. Todo firme en la base pero con las suficientes fallas en la base como para que se sientan los temblores en la tierra. Temblores casi imperceptibles pero continuos.

Frente a lo que les separa, los puntos de unión que les obligan a buscarse el uno al otro. También aquí Coppola sólo se sirve de lo significativo y se desprende de un tema tan socorrido como el del amor para utilizar sólo aquello que, de nuevo, puede ser de interés. Los expertos en guiones hablan de lo plots como de cambios bruscos de guión que atraen la atención del espectador. Coppola, llegado el momento, abandona el camino más trillado y se interna en uno más propio y arriesgado que es lo que , en el fondo, convierte a esta película en algo más que una historia. No es el giro brusco de la película, sino una declaración de principios que todos saben y que el espectador va conociendo poco a poco.

Los Angeles de charlie

Decía un crítico muy serio de un periódico muy serio que ésta era una película incompetente porque no habían sabido mantener en la misma posición el brazo de Drew Barrymore sobre el hombro de John Cleese en tres tomas distintas. El comentario resulta tan apropiado como la queja sobre el punto de la carne servida en una cena erótica. Si es eso lo que te preocupa, es que eres tú el que no encajas. Pero es que hay críticos así, que se ponen la servilleta en el cuello para comer cine iraní sin preguntarse qué es lo que le van a servir en la pantalla.

Y lo que ponen en la pantalla no es sino una parodia que la segunda parte realiza sobre la primera. McG, que ya dirigió la primera parte, sabe que no puede ofrecer nada nuevo a menos que tome la historia que tiene entre manos y la deforme hasta convertirla en una burla de sí misma. Sólo bajo esa premisa puede funcionar esta película. Cualquier otra forma de enfrentarse a ella va a provocar el mal humor del espectador y su salida apresurada del cine.

Si se comienza a ver la película, pues, con ese aire irónico que el propio McG emplea consigo mismo, el resultado es curioso. Empieza la historia con una serie de escenas de acción donde lo menos importante es la cuestión de la verosimilitud y con un guiño a las segundas partes con el personaje de Jason (Matt LeBlanc), a punto de estrenar su película Mission Extreme II, defendiendo la sutileza del título. Ya en ese arranque se presentan las reglas sobre las que se va a construir la historia y el que no las acepte va a sentirse fuera de lugar el resto de la película.

Quien se encuentre con el humor o la predisposición necesaria como para seguir ese tono elegido por McG, va a vérselas con una historia en la que , como en un collage, se van a presentar enlazadas varias escenas de series o películas ajenas en las que lo absurdo parece perdonarse. Es el caso de C.S.I., que pretende ocultar con la seriedad de sus personajes unas deducciones imposibles : una mancha de aceite en el traje de una mujer atropellada que pertenece a un 4*4 del que sólo hay un único modelo cuyo dueño es el vecino de la anciana muerta. Si se quita a Grissom y se coloca a Cameron Diaz, el resultado es cómico. Si en el arranque se ridiculizan las habilidades de un James Bond y en el análisis del primer asesinato es el grupo de Grissom el que no sale bien parado, en el resto siguen las burlas a películas como Flashdance (las tres mujeres soldando el buque), Matrix (los enfrentamientos con el ángel caído), Lara Croft (la escena en la que entran en el almacén del puerto) o Misión Imposible (el final de la película).

Lo que hace McG es, en fin, añadirle un toque de humor a un cine que, quedándole muy cercano en cuestión de estilo, no quiere arriesgarse a caer en el ridículo si en algún momento aparece la carcajada entre el público. Así que el espectador tiene que ver "Spiderman" , "Daredevil" o, últimamente "Hulk", con una seriedad impuesta por el propio director ,que parece temer que el peor adversario de su superhéroe no sea un duende verde o un negro inmenso, sino la sonrisa de un espectador. El resultado es que se empieza con la referencia a una infancia triste, donde los padres mueren demasiado pronto, y se termina con ese prólogo que Ang Lee se saca de la manga para elevar a un personaje que sólo se despega del suelo cuando se le desborda esa pulga que lleva dentro de sí.

La narración del pasado de los tres ángeles puede verse cómo otra parodia de esas infancias terribles a las que se enfrenta cualquier espectador que vaya a ver las andanzas de un personaje que pretenda enfrentarse al mal.

El propio McG parece dudar de que con esa táctica de unir escenas sea capaz de crear la película que los de Sony le han encargado (la primera sirvió para arreglar las cuentas de un departamento de cine que llevaba varios fracasos acumulados) y ese final en el que todos los personajes celebran el estreno de la segunda parte de Mission Extreme II es una autocrítica a su propio trabajo, como si diera gracias a todos los que le han ayudado con una historia que, en algunos momentos, parecía que fuese a venirse abajo.

Si los críticos han puesto tan mal esta película es porque desde el principio ya sabían qué tenían que escribir. Como echarle un pulso a un niño : la excusa perfecta para recordar a los lectores y a uno mismo dónde se sitúa uno en el mundo del cine. ¿Y qué mejor que hacerlo que con esta película, que parece estar pidiendo a gritos unas frases hirientes y unos ataques despiadados?. El cine en verano permite que los críticos saquen pecho y señalen sin ninguna duda dónde esta su enemigo.

Pero es que esta película deja también en evidencia a los críticos. Detrás de toda la presión de marketing, de los vídeos de Pink cantando la banda sonora, de las entrevistas a las tres chicas a todas horas en televisión y a las fotos en todos los periódicos hay unos guionistas que parecen habérselo pasado muy bien escribiendo la historia haciendo parodia de películas semejantes.

Te doy mis ojos

Te doy mis ojos Interesante el ejercicio de "Te doy mis ojos" en donde Icíar y Alicia Luna, su compañera en las labores de guionista, se asoman al titular del periódico para ver qué es lo que hay detrás del campo semántico de los maltratos. Normalmente, esa madeja empieza con la noticia y termina con el comentario políticamente correcto ("a ese habría que cortarle los cojones") sin que entre los dos pasos aparezca nada. ¿Y qué va a aparecer si los restos de sangre o la fotografía con la cara deformada son evidentes? Pues entre un punto y otro suele haber una historia, que es lo que Icíar ha querido contar.

Acostumbrados como estamos a un cine de efectos especiales ,en el que los personajes se presentan con la cabeza tan vacía como una estación abandonada (con sus sillas cojas, los calendarios antiguos y la bombillas rotas a pedradas) , llama la atención que una película como ésta se preocupe por mostrarnos cuáles son las razones de sus protagonistas. Antes de que alguien pida venganza y caliente la tertulia con el "esto no puede seguir así", Icíar propone una investigación estilo C.S.I., buscando las pruebas y tratando de reconstruir el caso.

Así, con bastante paciencia, Icíar va mostrando esas pruebas : un cuaderno con hojas de colores, una caja envuelta en papel de regalo con dos pendientes, un balón de fútbol en una fiesta de cumpleaños, un cuadro proyectado sobre la pared, una comida junto al río, unas zapatillas, un comentario en una barbacoa, unos impresos de urgencias, una tienda de electrodomésticos o el grito compartido para mandarlo todo a tomar por culo. Con ese trabajo, lo que busca es dejar espacio para que los dos protagonistas , Pilar y Antonio, puedan hablar y contar sus historias antes de que la evidencia del titular de los maltratos los asfixie ,enroscado alrededor de ellos como una serpiente. Después le deja al espectador que sea él el que juzgue y vaya repartiendo entre los protagonistas las distintas etiquetas que se pueden utilizar : machista, enfermo, monstruo, cobarde, acomplejado o desorientado, por poner unos ejemplos.

Al cuidado por los detalles de esa relación hay que añadir la buena elección del momento de ésta que se cuenta. Esa huida nocturna con las zapatillas puestas con la que arranca la película crea un suspense que provoca en el espectador la urgencia por saber más de lo que ha ocurrido en esa casa, de la persona de la que huye, de lo que hasta ese momento ha tenido que aguantar. Y justo donde esperábamos encontrarnos con el tópico, aparece un personaje , Antonio, que busca, en la película y en su vida, encontrar la forma de expresarsenullnull